La cantante norteamericana presenta su gira europea en un pase privado.
Tras una larga espera, tras la cortina roja del forum del Colegio de Médicos de Madrid aparece una chica preciosa. Durante los instantes previos a la ovación, se oye el silencio que precede a la belleza. Luego todo son aplausos. A nadie le importa la espera.
Lleva el pelo suelto y rizado. Pendientes largos, vaqueros. En el centro de la sala le espera un enorme piano negro que pisa una larga alfombra. La piel morena, los ojos azabache resaltados por una sombra oscura. La voz de diva. Mira mirando. Fijando los ojos en algún afortunado que pierde el sentido.
Su último single, No One, ya es número uno en América. Ahora viene a Madrid a presentar entre amigos su próximo trabajo. Saluda en español. Y presenta The things about love. Una canción de amor que clama, ?Todo el mundo miente, todo el mundo llora?.
Alicia Keys nació en el mismo año en el que a Elias Canetti se le otorgaba el Nobel de Literatura (1981). El escritor de origen búlgaro dejo a la historia libros y frases. "Algunas personas poseen cualidades sencillas por las que uno estaría dispuesto a vender su alma".
Alicia tiene la voz, la forma, y el verbo. Se presenta en Madrid con su tercer trabajo As I Am. Un disco lleno de fuerza y sentimiento, repleto de soul, de R&B, de jazz, de raíces.
Y por los caminos de la vida, esta chica morena, espigada, y de voz de ángel, ha vendido veinte millones de discos.
Criada en Hells Kitchen, barrió que uso Mario Puzo para desembarcar a Vito Corleone, se centró en la música desde muy niña. El germen de su primer disco lo plantó a los catorce años cuando empezó a componer. Ya tocaba el piano desde los siete.
Y así, con veinte años, veía la luz Songs in Minor (2001), número uno en EEUU y seis millones de copias vendidas en todo el mundo. Fallin, el single presentación adelantaba una voz suave y poderosa, unos finos dedos de pianista escondidos en un cara dulce y unos ojos de gata.
En 2003 aparece The Diary of Alicia Keys, un trabajo limpio y hermoso en el que ella misma ejerce de productora ejecutiva. Dobla las ventas del disco anterior y mantiene el número 1.
La segunda canción de la noche, Sure looks good to me, habla de los buenos momentos, de los recuerdos que hay que tener en los días difíciles. ?Se trata de no tener miedo a caer?, comenta tímida antes de arrancar el tema. ?No hay que temer las consecuencias?.
Superwoman es una de sus canciones favoritas. Cuenta que la escribió para ella y se dio cuenta de que podía servir para muchas más personas. Trata del valor, de ponerse un traje de heroína con una S en el pecho, de creer y de poder.
Nadie en la sala puede apartar los ojos de ella. Captura las miradas como si viviese de ellas. Como si fuese consciente del magnetismo que tiene una mujer desnuda ante un piano.
Lo mejor de la noche, tras las largas esperas y la corta actuación, es la oportunidad de ver el arte como es concebido. Al piano, en la soledad, ante la realidad. Lejos de los modernos aparatos creadores de grandes éxitos. Sin duda, Alicia a la voz y piano difícilmente hubiera vendido lo que ha vendido. Seguro que sonaría más bello.
Ese renuncio tan cotidiano a la simplicidad, a lo sencillo, hace estrellas, muy brillantes, muy rentables, y es un lujo ver a una belleza en la proximidad, pero también es un placer oírlas en la verdad.
Y se acaba el show. Primicia europea del nuevo disco de Alicia Keys, verá la luz de las tiendas a mediados de noviembre. Hace unas reverencias con la clase de Diana Kroll y abandona el piano y a su público. Promete volver.
Fuente: elpais